JUGADAS APRETADAS I: LA TAREA. (PRIMERA TEMPORADA) Jorge Enrique «761» Rodríguez

Jorgito

«[…] no se alarme innecesariamente por la estridencia circundante,
pues usted aún domina la posibilidad del whisky […]»
— Aymara Aymerich (El cabaret de la existencia)–

Los turbios manejos del discurso escarcean con la promesa y nosotros –animales de costumbres, con la fe a créditos y las ganas desorbitadas– ofrecemos los labios temblorosos como una virgen próxima al desacato. Y es que (a)penas comprendemos la relación filial entre desmemoria y oprobio; o la antinomia entre doctrina y ser (individuo).

Se puede pensar (incluso descreer) en la estridencia que conduce a esta terquedad de siempre indisponerme al silencio. Pero la verdad es, amigos míos, que no existe nada más allá de las promesas. Nada útil; ni siquiera pueril. Es un hecho. Las promesas suelen ser como una apropiación indebida. Un hurto, cuando menos, al sentido común. Convicto de la poesía y la desobediencia –el télos que habito a riesgo de todo– me ofrezco a los destinos de esta serie de «jugadas apretadas». Fragmentos de rabia contra la oxidación de aislarse o callar; contra la presunción de entregarnos al préstamo; contra la fabulación y el simulacro a nombre de la historia. Jugadas apretadas que arrastran consigo el peso de las calles y sus urdimbres. Sin promesas. Solo compromiso total. Las trasnochadas decisiones institucionales, confabuladas en detrimento de la Gala de Premiaciones Puños Arriba 2013, suscribieron una pauta que bien merece una reflexión cabal (que no es el caso que ocupa a este capítulo). No debiera ser muy sorpresivo — tanto va el cántaro a la fuente…– que el comité organizador del evento asumiera desencadenar un emplazamiento, literal y bastante manifiesto, ante las oficinas del Instituto Cubano de la Música. El hecho en sí provocó, entre otras cosas, la lógica controversia que pudiera resumirse en dos textos: el Comunicado oficial del consejo organizativo de Puños Arriba, circulado a través de las redes sociales alternativas y, la consiguiente réplica, Más que puños, las ideas, de Rocío Martín, publicado en Periódico Cubarte el 11 de diciembre.

En mi criterio personal, ninguno de los dos textos merece una atención más allá de leerlos y sonreír; en mi caso, socarronamente. Pero este análisis tampoco es el asunto que nos ocupa aquí. Decía «provocó, entre otras cosas», por las ininterrumpidas llamadas a mi teléfono y a los innumerables mensajes en mi email. Llamadas y mensajes que cuestionaban, con preocupación, mi ausencia en los sucesos de F y 15. Estas preocupaciones y cuestionamientos quizá no carezcan de total sentido; de hecho tenían sus razones objetivas. Las comprendí todas; aunque siempre hepuntualizado que, comprender no significa estar, necesariamente, de acuerdo. Mi relación personal con la cultura Hip Hop y, por ende, con el movimiento de Rap cubano; mi responsabilidad como Editor en Jefe de la revista Movimiento; mis incontables artículos en virtud de refundar la cartografía literaria del movimiento rapero y, alguna que otra desobediencia de las cuales suelo vanagloriarme en mis ratos pueriles, me han convertido, como retribución que he sabido siempre agradecer, en un sujeto útil. Y la utilidad es, también, un camino hacia la trascendencia. Por otro lado, mi responsabilidad y presencia en los acontecimientos que provocarían la dimisión de la directora de la Agencia Cubana de Rock, ayudaría quizás al extrañamiento de “algunos” por no haber participado, ahora, en “el asedio”.

Evidentemente, muchos de “los preocupados” han extraviado — vaya usted a saber en cuál esquina o festejo de esta ciudad– la memoria o la capacidad para redimirla. Pero puedo comprender — ¿por qué no?– que no resulta fácil sostener los vértigos que implica la responsabilidad de jamás olvidar los preceptos que nos sostienen por dentro cuando afuera todo se derrumba. Se requiere talento, en principio. Se precisa mucho más que un exquisito maquillaje para asumir la verdad como lógica de vida, en un país donde la primera causa de muerte es «una larga y penosa enfermedad». Se necesita independencia de criterio para aceptar que, hay gritos que asemejan la insensatez de un pueblo que apenas logra recordar su nombre y se aboca entonces a las urdimbres de un espejismo. Mi ausencia o mi presencia en acontecimientos trascendentales –o no– pertenecen, irreductiblemente, al dominio de mis elecciones individuales. Son decisiones que no se someten a la usura de las pasarelas sin importar cuáles ideologías representan. No me sirven las coartadas por una cuestión bastante simple: vivir para demostrar a cada paso “lo que no eres”, presupone como resultado único, invertir todo el tiempo “en dejar de ser lo que eres”. Aprender que no siempre resulta sano medir la vida en victorias y derrotas, sino las distancias que estemos dispuestos a recorrer en virtud de nuestras convicciones, es la tarea pendiente a revisar para la próxima jugada apretada. Pero no se alarmen, “los preocupados”, si apenas han comprendido los entresijos y la delación… aún les queda «la posibilidad del whisky» y su derecho inalienable a la discrepancia. Un abrazo de paz y memoria.

La Habana, 14 de diciembre, 2013

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